lunes, 26 de marzo de 2018

#44: Si lo acepto lo merezco.


Desafortunadamente existen muchas formas de lastimar a las personas. La más evidente es la agresión física, de hecho, es la que por lo regular genera reacciones, enojo colectivo e incluso tiene consecuencias jurídicas y sociales.

Pero además de ella, y de forma relegada pero no por ello menos relevante, están las ofensas y el daño verbal y psicológico. Este tipo de violencia es aunque menos obvio, incluso imperceptible tanto para la víctima como para quienes le rodean, más dañino y perjudicial que un golpe.

¿Por qué?

Porque la lesión que ocasiona llega directamente a la dignidad de la persona. Y, aunque la dignidad nunca se puede ver mermada o afectada, ya que es algo inherente e irremplazable de la naturaleza humana, la percepción que el afectado tiene de sí mismo sin duda condiciona cómo o qué tanto hacer valer tal derecho (al respeto de su dignidad) frente a los demás y, principalmente, así sí mismo. Y qué tanto le respetan.

Es por ello el título de esta reflexión: "si lo acepto lo merezco".

Invariablemente existen muchas aristas en lo que respecta a la agresión verbal pero hay algo sumamente importante en la ecuación: lo que yo, consiente e incluso inconscientemente, permito.

Y es que muchas veces, si no es que la mayoría, este tipo de agresión parte de una "simple" broma o como cosa de juego. Como algo que en teoría "no busca" lastimar sino simplemente pasar de largo, pero, una vez que yo admito, incluso como una payasada, una agresión a mi persona, por más mínima que esta sea, estoy incrustando en mi mente que merezco ser llamado o tratado de dicha forma.

Mi dignidad, aunque como vimos es algo propio de mi ser humano, nace y parte en cuánto la hago valer y respetar. Soy yo el primer invitado a poner un alto cuando alguien o algo quiere atentar contra ella. Soy yo el responsable de velar porque se me respete. Y, soy yo, al mismo tiempo, llamado a respetar y hacer respetar la dignidad de los demás.

Es un "círculo vicioso", en el buen sentido de la expresión. Porque como todo deber, este (el respeto) tiene un carácter vinculante. Así como se exige un respeto hacia mí, estoy llamado y obligado, a brindar el mismo tipo de trato hacia con los demás.

Si permito una primera agresión, sin replicar, las demás siempre vendrán como una consecuencia lógica -no siendo, remarcando, justificante para que ocurran-

 






Imagen | Pixabay.

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