lunes, 4 de diciembre de 2017

#29: La justicia no se justifica con violencia.


La semana pasada [del 27 al 30 de noviembre, 2017] tuve que participar en un foro dentro de una de las materias que llevo [estudio Derecho]; y uno de los tópicos, un comentario, resaltó entre todos y no por interesante sino porque, al menos personalmente, me horrorizó.

En el, la chica que escribía, "rescataba" las virtudes de la Ley del Talión, y cómo aplicarla hoy en día resolvería la situación delictiva.

Pero repasemos un poco el concepto. De acuerdo a la Wikipedia, la Ley del Talión es un principio jurídico de justicia retributiva, es decir, en el se castigaba recíprocamente con el crimen cometido. El término "talión" deriva del latín tales-tales, que significa idéntico o semejante (de ahí deriva la palabra "tal").

Ahora, a groso modo, cito el aporte mencionado:

“Hoy en día nos vemos exageradamente protegidos por los Derechos Humanos, tanto víctimas como culpables [...] cabe recordar la Ley del Talión: si robabas te cortaban las manos; y con ello quiero decir, que igual no era una forma correcta, pero a mi parecer, considero que de esa manera podían comprender mejor el alcance de los actos cometidos [...] el castigo era intimidatorio y aunque podemos decir que violenta las garantías individuales del culpable, aún sigo creyendo que dichas penas si se aplicaran hoy en día podrían dar mejores resultados [...] soy de la idea de que solo así podríamos erradicar el problema”.

Dimensionemos el hecho de que la frase es escrita por una persona que vive dentro de la cultura occidental, en el siglo XXI, en dónde, en teoría, hemos aprendido de lo que el hombre puede ser capaz de hacerle a sus semejantes.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos, expedida en 1948 (aunque el concepto tiene vestigios más antiguos), "nace" como respuesta ante el genocidio cometido por los Nazis en la II Guerra Mundial. Al ver, y aceptar, lo que los hombres somos capaces de hacer, como especie, a otros seres humanos, es que "surge" la necesidad de reconocer y defender ciertos derechos a los que todos los seres humanos, delincuentes ó no, tenemos derecho por el simple y llano hecho de nacer como personas.

Los Derechos Humanos, per se, llaman y exigen el respeto a la dignidad de todos los hombres, independientemente de su estatus legal, credo, raza, nacionalidad. Son por tanto inherentes a la persona humana por el mero hecho de ser persona. Sin más.

La "ley del Talión", para retomar lo que da origen a esta reflexión, surge de [un sentimiento] la venganza, es decir, es "algo" movido por el odio y no en el afán de hacer justicia.

Violencia siempre generará violencia; y si acudimos a ella buscando justificar o "reparar" un daño estamos siendo igual que quién violentó originalmente... o incluso peor porque lo hacemos con alevosía y ventaja, bajo un vil pretexto de hacer justicia.

Pensar que "cortando" la mano de todos los rateros se va a erradicar el hurto es poco menos que fantasioso. Desafortunadamente la delincuencia va más allá del aparente castigo, es un elemento social susceptible a muchos factores que no necesariamente se vinculan con el "temor" a ser enjuiciado.

Hegel comentaba, en cuestión de la justicia, que "lo único que importa es que el delito debe ser eliminado no como el surgimiento de un mal, sino como lesión al derecho como derecho”.

Ojo, el delito, no el delincuente.

¿Y qué lesión sufrió el derecho ante un delito? El orden social que busca proveer con sus normas. Un castigo debe de buscar resarcir el daño -sin transgredir los Derechos Humanos, al menos los de primera generación, de quién lo genera- es lo que persigue la justicia.

Aunque no en todos los casos el "castigo" es retributivo... un asesino no puede "remediar" su crimen, y matarlo no regresará al muerto a la vida.

Kant decía algo magistral, que sin duda debe de hacernos pensar en qué tipo de personas queremos ser al momento de "exigir" justicia:

"... si perece la justicia carece ya de valor que vivan los hombres sobre la tierra".



Imagen | Pixabay


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